sindrome postvacacional

Qué es el Síndrome Postvacacional y cómo combatirlo

La vuelta de las vacaciones puede presentarse como un problema para un gran grupo de la población. El abandono de la rutina y el estrés y su inevitable regreso, llevan, en muchas ocasiones, a sufrir el conocido como “Síndrome Postvacacional”. Este síndrome se caracteriza por aparecer a la vuelta de las vacaciones y el retorno al ámbito laboral.

El trabajador sufre una serie de síntomas al no aceptar la vuelta a la rutina que pueden ser físicos, como el cansancio generalizado, la falta de sueño, dolores musculares, falta de apetito o de concentración, problemas estomacales, taquicardias o dolores de cabeza. Además, puede desencadenar otros muchos más graves como trastornos cardiovasculares, digestivos, respiratorios y hasta dermatólogos.

Pero los síntomas también pueden ser psíquicos, como irratibilidad, tristeza, falta de interés, ansiedad, estrés, cambios de humor, malestar general, inseguridad… y un sentimiento de no sentirse capaz de regresar al trabajo y adaptarse correctamente.

Consejos

- Los expertos aconsejan no alargar las vacaciones hasta el día anterior de empezar a trabajar.

- Además, evitar un periodo excesivo o demasiado largo de las vacaciones permite que el regreso no sea tan brusco. Distribuir la ausencia del entorno laboral en diferentes periodos y no tomársela toda de golpe.

- Planear la vuelta al trabajo un par de días previos ayuda a mejorar la adaptación a la rutina y los hábitos. El desarrollo de una actividad de ocio con el trabajo y dedicarse tiempo a uno mismo para poder volver al ritmo habitual.

- La actitud positiva es otra forma de evitar los síntomas. Intentar que el primer día de trabajo no suponga una carga, si no un proceso de adaptación paulatino.

- El ejercicio físico ayuda a la liberación de endorfinas, de forma que el estado de ánimo mejora y síntomas como la apatía o la sensación de estrés descienden.

- Moderar el consumo de alcohol y cafeína puede ayudar a disminuir, a su vez, dichos síntomas.

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Hablemos de… Cardiopatía isquémica

La cardiopatía isquémica es el tipo más común de enfermedad cardíaca. Ésta se produce cuando el torrente sanguíneo que se dirige al músculo del corazón se ve bloqueado parcial o completamente en las arterias que suministran dicha sangre.

Esta enfermedad coronaria se manifiesta fundamentalmente como angina de pecho o infarto agudo de miocardio. También puede producir alteraciones del ritmo cardiaco (arritmias).

Dolor o presión en el pecho (angina de pecho) —generalmente en el lado izquierdo que aparece regularmente tras la actividad física o las comidas pesadas—, dolor en cuello o mandíbula, dolor en el hombro o en el brazo, dificultad para respirar, debilidad o mareos, palpitaciones, náuseas o disminución de la tolerancia al ejercicio son signos claros de padecer una cardiopatía isquémica.

Sin embargo, estos síntomas se manifiestan en el estado avanzado de la enfermedad no mostrando ninguna evidencia de la enfermedad durante décadas.

 ¿Cuáles son los factores de riesgo?

 La cardiopatía isquémica se puede prevenir de forma significativa si se controlan sus posibles factores de riesgo cardiovascular. Los principales son:

  • Más prevalencia en personas de mayor edad.
  • Se da más en los hombres, aunque la frecuencia en las mujeres se iguala a partir de la menopausia.
  • Si existen antecedentes de cardiopatía isquémica prematura en la familia.
  • Aumento de colesterol total, sobre todo del LDL (malo).
  • Disminución de los valores de colesterol HDL (bueno).
  • Tabaquismo.
  • Hipertensión arterial.
  • Diabetes mellitus.
  • Obesidad.
  • Sedentarismo.

Debemos aprender a reconocer los síntomas de las enfermedades del corazón y las situaciones que las provocan. Y es que debemos acudir al médico si experimentamos nuevos síntomas o éstos llegan a ser más frecuentes.

 

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Hongos en los pies, qué son y cómo tratarlos

El verano es, para muchos, el mejor período del año. Sin embargo, el calor propio de esta época supone también un tiempo delicado para los pies. La combinación de ambiente cálido, el distinto tipo de calzado que usamos y los frecuentes chapuzones en piscina y mar hacen que nuestros pies sufran. Además, la ausencia de calcetines o medias que protegen los pies también pasa factura.

Hoy vamos a hablar de hongos: Los hongos pueden producirse en cualquier parte del cuerpo siendo una de las zonas más habituales los pies. Y es que los pies, como cualquier otra parte del cuerpo, necesitan un cuidado especial para mantenerlos saludables y evitar la aparición de problemas.

Podemos diferenciar varios tipos de hongos, destacando el denominado “pie de atleta” y la “onicomicosis” (hongos en las uñas). Los dos son producidos por parásitos denominados “dermatofitos” que suelen encontrarse en lugares públicos con alta humedad o calor como las piscinas o duchas públicas.

¿Cómo saber si tengo hongos en los pies?

El hongo “pie de atleta” lo identificamos por la aparición de hongos entre los dedos de los pies o la planta. Los síntomas son los siguientes:

- Picor, escozor o ardor entre los dedos de los pies o en la planta.

- Inflamación de la piel y rojez.

- Piel seca o agrietada con descamación e incluso sangrado.

- En casos más graves hay ampollas que pueden supurar.

- Olor fuerte y desagradable.

 Por su parte, la “onicomicosis”, la aparición de hongos en las uñas es la enfermedad más común pero también la más difícil de curar. Advierte si notas estos síntomas:

- Las uñas cambian de color hacia un tono más amarillo que irá oscureciéndose hasta convertirse en negro si no se tratan y eliminan.

- Las uñas muestran una apariencia carcomida, picada y desgastada.

Factores que aumentan la posibilidad de tener hongos

 Hay personas que tienen más probabilidades de desarrollar hongos en los pies como son:

- Aquellos que llevan calzado que les cubre totalmente el pie.

- Aquellos cuya piel produce menos ácido graso.

- Aquellos que llevan el mismo par de calcetines o calzado durante muchos días.

- Aquellas personas que sufren algún tipo de inmunodeficiencia.

- Aquellas personas con mala circulación de la sangre.

- Aquellos que sudan en exceso.

- Aquellos que están más expuestos a las esporas bien sea en el hogar o fuera de ella.

Si notas cualquier síntoma, no dudes en acudir al médico para iniciar un tratamiento de cura. Y es que si los hongos no se tratan y eliminan adecuadamente, pueden agravarse, derivar en más hongos e incluso extenderse a otras partes del cuerpo.