shutterstock_633066326

9 Hábitos para cuidar la alimentación este verano

Conseguir una dieta sana y equilibrada durante los meses de verano no es tarea imposible. Veamos unas sencillas pautas que nos ayudarán en todo momento:

 1. Mantenernos bien hidratados. La bebida de referencia será el agua. El exceso de calor y sudoración propios del verano hacen más fácil sufrir deshidratación, lo que es particularmente peligroso en el caso de los niños y los ancianos.

 2. El pescado es fundamental en la dieta. La variedad de pescados en verano como el bonito, la sardina, el boquerón nos ofrecen la posibilidad de ingerir ácidos grasos Omega3. Conviene consumir pescado al menos 2 veces por semana ya que es rico en proteínas, fósforo y yodo.

3. Preservar la cadena de frío. Mantener la cadena de frío de los alimentos es necesario todo el año, pero en verano se convierte en imprescindible. Debemos tenerlo presente a la hora de realizar las compras, utilizando bolsas isotérmicas y acortando al máximo el tiempo entre la compra y la llegada a casa.

 4. Helados sí, pero que no sustituyan a la fruta y en cantidades moderadas. En este periodo del año siempre apetecen e incluso pueden ser una buena fuente de calcio cuando son cremosos.

 5. Y es que la fruta es imprescindible. Al menos 3 piezas de fruta cada día. La fruta nos ayuda a hidratarnos y a mantener las defensas antioxidantes de nuestro organismo. Nos aportan vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes, como la vitamina C, los polifenoles y los carotenos.

 6. Verduras y hortalizas, también imprescindibles. Platos frescos como el gazpacho, salmorejo, pisto o ensaladas combinan a la vez hortalizas y verduras. Estos alimentos también nos aportan agua, fibra, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y antioxidantes.

 7. Elegir alimentos con color para la dieta. Vegetales de color rojo, amarillo, naranja o verdes son ricos en betacarotenos y antioxidantes. Esto es, zanahorias, calabazas, pimiento rojo, melón, espinacas… Y para aliñar siempre usaremos aceite de oliva virgen.

8. Pan y cereales integrales: Optar por pan integral para bocadillos y sándwiches nos permite consumir más fibra, más vitaminas y más minerales que con el pan blanco. La versión integral de cereales, pasta, arroz, etc… también es recomendable.

9. Extremar la higiene al manipular los alimentos y lavarnos las manos frecuentemente para evitar posibles infecciones e intoxicaciones.

 

problemas estomago

¿Problemas de estómago en verano? Podría ser la bacteria ‘Helicobacter pylori’

¿Hay días en los que notas falta de apetito, náuseas, vómitos, sensación de tener el estómago lleno, eructos excesivos, dolor o pérdida de peso inexplicable…?

Estos síntomas frecuentes -el 30% de los españoles afirma tener problemas estomacales- son manifestaciones que pueden aparecer en diversas enfermedades del aparato digestivo y ante los que conviene acudir al médico especialista en el aparato digestivo.

Ante estos síntomas recurrentes es importante acudir al médico -el 40%  de los pacientes no va al médico cuando presenta algunos de ellos- ya que una de las causas puede ser la famosa Helicobacter pylori, una bacteria con forma de espiral que vive en el estómago y en el duodeno (la parte del intestino que sale del estómago) y está vinculada a la aparición de enfermedades del estómago, como la gastritis y las úlceras (pépticas, gástricas o duodenales). En España la bacteria está presente en aproximadamente el 50% de la población, aunque sólo provoca la infección en un pequeño porcentaje de los casos.

¿Qué es la Helicobacter pylori?

La Helicobacter pylori es una bacteria que puede afectar tanto a hombres como a mujeres y, una vez en el estomago, la bacteria induce una enfermedad crónica siendo la inflamación en casi todas las personas infectadas un rasgo recurrente. Pese a que los síntomas característicos de la infección por esta bacteria son frecuentes y leves, puede desembocar en enfermedades graves, como el cáncer gástrico.

¿Cómo se contagia la Helicobacter?

La bacteria Helicobacter se suele adquirir en los primeros meses de vida, y su contagio es de persona a persona. La infección se contagia de la boca de una persona a otra, sin embargo también puede transferirse desde las heces a la boca. Es decir, si una persona no se lava las manos después de usar el baño puede contagiarse con esta bacteria. Aunque todas las personas pueden contraer esta infección, se sabe que los niños son más propensos a infectarse con la bacteria principalmente por la falta de una higiene adecuada.

En cualquier caso, si alguno de los síntomas persiste (eructos excesivos, sensación de hinchazón, sensación de mareo o vómitos, pérdida del apetito o pérdida de peso) hay que consultar con el médico para que realice una valoración. Además, si se observa la presencia de sangre o heces fecales en color negro, es una señal importante de que se tiene que ir con el médico lo más pronto posible para evitar cualquier problema mayor.