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La importancia del sueño en la salud cardiovascular

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el sueño nocturno tenga una duración de entre 7 y 8 horas de media para los adultos. Y este sueño debe ser reparador, lo que significa que la calidad del sueño debe ser alta, que las horas que durmamos las durmamos profundamente y sin interrupciones.

5 Consejos para alcanzar un sueño reparador

1) Rutinas para dormir: Acostarnos siempre alrededor de la misma hora, incluso durante el fin de semana.

2) Cena ligera: Lo ideal es una cena ligera varias horas antes de acostarnos.

3) Deporte sí, pero no por la noche: Practicar ejercicio es buena idea porque ayuda a dormir mejor pero debemos evitar hacerlo a última hora de la tarde.

4) Evitar estimulantes: La teína y la cafeína son malos compañeros del sueño si nos cuesta dormir. Ocurre lo mismo con otros productos estimulantes como el chocolate o el cacao.

5) Evitar el alcohol: Aunque en ocasiones puede ayudar a conciliar el sueño,  el alcohol altera la fase REM impidiendo un sueño reparador.

Y es que una de las principales necesidades de nuestro organismo es dormir. En este tiempo de descanso nuestro cuerpo cumple con su función reparadora para afrontar el día a día en buenas condiciones. Pero, además, cuando dormimos lo que necesitamos, estamos ayudando a cuidar nuestra salud cardiovascular.

Diversos estudios afirman que aquellas personas que, además de llevar unos hábitos de vida saludables como realizar actividad física de forma regular, mantener una alimentación equilibrada, moderar el consumo de alcohol y no fumar, duermen un mínimo de 7 horas al día, reducen hasta en un 65% el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Además, dichos estudios indican que en esas personas el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular baja un 83% en comparación con aquellas personas que no siguen ningún hábito de vida saludable.

Entre otras razones, porque un sueño reparador mejora la función endotelial y ayuda a disminuir la presión arterial, ya que mientras dormimos se produce una relajación muscular que también afecta a las arterias. Esta relajación provoca una bajada de la presión arterial de entre un 10% y un 15%.

Por el contrario, dormir poco se asocia a una mayor incidencia de sobrepeso, obesidad, hipertensión y niveles altos de colesterol y triglicéridos, siendo las personas que padecen insomnio las que mayor riesgo tienen de desarrollar insuficiencia cardiaca.